jueves, 22 de julio de 2010

Los Brazaletes


La tarde va gris, la música evoca a la melancolía y un lejano recuerdo de una historia acecha mi mente. Yo iba hace 7 años, camino a hacer el examen que me conduciría al lugar que mas anhelaba en el mundo. Sí, era mi examen de Español Literatura para el Ingreso al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin. Iba acompañada entonces de quien tradicionalmente nunca se aparta de mi, y siempre me está apoyando: Mi madre. Ella iba tan o más nerviosa que yo, porque queríamos por igual que yo lograra esa meta. Pero si algo amaba yo era el Español, no en vano había dedicado mi infancia y adolescencia a entregarle al mundo mis escritos. Aunque había algo en mi contra, no me expliqué nunca por qué me costaba tanto trabajo "interpretar" los escritos de otros. Quizás porque siempre he sido rebelde y me ha gustado ir en contra del mundo, ir al revés. En aquellos tiempos, no sé ahora. Lo que había querido decir el autor, era simplemente lo que un grupo de "expertos" interpretaba y que pretendían que el resto lo hiciera igual que ellos. .. Resumiendo, en aquel examen leí esta historia de Rabindranath Tagore, que me resultó muy interesante, ya que creo que solo el 1% de la población mundial, haría lo mismo que Govida. Aquí se las dejo.

"Los Brazaletes"

Cristalino y ágil corre el Jumna en la hondonada. En lo alto, las ceñudas barrancas. Y, todo en torno, el oscuro verdor de los montes, agrupándose, separados sólo por el tajo de los torrentes.

El venerable maestro Govida, sentado en una roca, leía las sagradas escrituras cuando hasta él llegó, orgulloso y engreído por sus riquezas, el discípulo Daghunath e, inclinándose, le dijo: "Te traigo este mísero regalo, indigno de tu fama". Y le presentó un par de brazaletes de oro y piedras preciosas.

El maestro tomó uno, haciéndolo girar en uno de sus dedos, y las piedras produjeron un luminoso chisporroteo. Más de pronto, escapándosele, el brazalete cayó y, saltando de piedra en piedra, cayó al Jumna.

Daghunath lanzó un grito y se arrojé al río. El maestro volvió a su libro. Y las aguas,

prosiguiendo su curso, no de volvieron el tesoro que habían arrebatado.

Cuando, fatigado y chorreando agua, regresó el discípulo cabe su maestro, ya declinaba el

día. Anhelante, le suplicó : "Dime dónde cayó y quizá, pueda encontrar aún el brazalete".

Pero Govida tomó el brazalete que le quedaba y, arrojándolo, sólo dijo: «"¡Allí!


Moraleja:

La riqueza te puede hacer orgulloso y engreído. Aprecia los valores reales de la vida, como los saberes, la paz. El mejor regalo no es el más costoso sino el más sacrificado y el que con mayor amor se da. Da lo mejor de ti, lo que guardas en el corazón, no en los bolsillos.


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